“Saludos, estimados visitantes. Mi nombre es Galileo Galilei. Nací en Pisa en 1564, en una época en la que se pensaba que la Tierra era el centro de todo. Desde joven me atrajeron los misterios del universo, porque donde otros veían certezas, yo veía preguntas”.
El video generado por Inteligencia Artificial nos da la bienvenida al Centro de Interpretación Astronómica de Sierra de la Ventana (CIASIVE), más conocido como el Planetario, que ostenta el título de ser el único en su tipo en la provincia de Buenos Aires.
El recorrido, guiado por Javier Gómez, creador de este ojo para “espiar” y comenzar a entender algo del universo, comienza con dos grandes pantallas táctiles que ayudan a comprender la eclíptica de alineación planetaria y sigue con viajes a la Luna -incluido un sorpredente fragmento del satélite-, estrellas y galaxias.
Inaugurado en octubre de 2023, el Planetario es para muchos una de las grandes sorpresas de Sierra de la Ventana, que además de una localidad de unos 6.000 habitantes, es también el nombre de toda una comarca de gran belleza paisajística que incluye otras localidades como Villa Arcadia, Saldungaray, Villa Ventana, San Andrés de las Sierras, Villa Serrana La Gruta y Tornquist, además de albergar un gran parque provincial -el Tornquist-, la cima más alta de la provincia de Buenos Aires -el cerro Tres Picos, de 1.239 metros- y, claro, el famoso cerro con una “ventana” en su cima, responsable del nombre de todo este conjunto de sierras, valles, bosques, ríos y arroyos.

Aventuras en vehículos 4×4.
Silencio de ninfas y truchas
Parte de esos paisajes que relajan el alma los recorremos al día siguiente también con la guía de Javier, de Tierra Ventana, en una excursión que sube y baja los faldeos del cordón Pillahuinco y el valle del Ventania. Ayer una tormenta corta pero intensa animó la vegetación que venía golpeada por la sequía, y hoy todo luce intenso, enérgico.
Con su Land Rover Defender vadeamos ríos y arroyos, cruzamos grandes grietas y, entre cientos de golondrinas, nos detenemos en la orilla pedregosa del río Sauce Grande, que zigzaguea por las sierras y rodea el pueblo.
“Mirá -dice Javier mientras se agacha a recoger una piedra que para el ojo no conocedor parece una más-; éste es un cuarzo, está lleno en las sierras”. Lo da vuelta y la piedra luce unos increíbles cristales que brillan a modo de prisma.
Nos acercamos a la orilla del río que murmulla entre las piedras. “¿Sabés qué es eso?”, pregunta el guía. “Una libélula”, respondemos con mi hija, seguros de haber acertado. “Se parece, pero se llama ninfa, es más chica, casi toda transparente y con detalles de color”, explica. Y dice que es el menú preferido de las truchas, que saltan del agua para atraparlas en vuelo. “Mirá, pa, esa es azul, y más atrás hay una verde, ¿la ves?”.
De pronto ese pequeño mundo de piedras e insectos, que suele pasar despercibido en la vida cotidiana, cobra una importancia central, se vuelve rico, variado, vivo, lo más interesante del universo.

Vista a la naturaleza de la comarca de Sierra de la Ventana.
“Allá saltó una trucha”, avisa Javier y allí vamos, con los pies en el agua fresca, hasta un pozón donde nada una trucha arcoiris, la más popular por estas aguas, en las que fue introducida hace más de 100 años. El silencio solo es acompañado por el canto de algunas aves y el murmullo del agua entre las piedras.
Anoche descubríamos un universo lejano, frío, oscuro. Hoy, pequeños grandes tesoros de este mundo, tan cercano y cálido.
Las aves, el hotel y el glamping
La mañana despejada exhibe las sierras en todo su esplendor desde las ventanas del hotel, que acaba de reinaugurar en manos de la cadena Days Inn y arranca un proceso de remodelación importante.
Entre los compañeros de desayuno hay parejas de mediana edad, familias con hijos pequeños y adolescentes, un grupo de jubilados y distintos looks: están los de traje de baño y ojotas, que van directo a alguna de las piletas, o a las dos -una cubierta climatizada y otra enorme al aire libre-, otros llenan el termo para salir de excursión, y hay tres que miran el paisaje como estudiándolo, porque están por partir a un trekking, a juzgar por su calzado y sus bastones.
Nuestro destino esta mañana es un paseo relajado por Villa Ventana, la población más pituca de la comarca, bautizada como “el Cariló de las sierras” por su denso bosque y sus calles de arena con nombres de aves: Churrinche, Martín Pescador, Colibrí, Zorzal…
Después de varios años sin pasar por aquí, lo primero que nos sorprende es cómo creció el pueblo, especialmente en las primeras cuadras de la avenida Cruz del Sur, ahora repleta de bares, restaurantes y comercios. Además, en estas fechas (fines de enero), celebra la Fiesta de la Golondrina, así que el gran espacio verde de la plaza Salerno está lleno de puestos de comida y artesanías, y un gran escenario espera para encenderse a la noche.
Por la calle Tacuarita se accede a las ruinas del ex Club Hotel de la Ventana, un enorme hotel inaugurado en 1911 y que fue considerado el más lujoso de Sudamérica en su época. Las ruinas se visitan en excursión con guía y si no las conoce, no se la pierda. La historia del lugar es impresionante, para una novela de amor y terror, por lo que fue -136 habitaciones, muebles de roble traídos de París, ropa de cama de hilo italiano, un restaurante estilo Luis XVI, salón de fiestas para 150 personas, tres salas de casino, canchas de golf y tenis y mucho más-, y por cómo terminó, cerrado a los pocos años y con una larga agonía que culminó con un incendio que lo dejó en ruinas.

Ruinas del ex Club Hotel de la Ventana. En su época se lo consideró el hotel más lujoso de Sudamérica.
Para el almuerzo, y como para seguir con las novedades, vamos a Puente Blanco, un glamping que abrió en 2022 a la vera de la ruta 72, a mitad de camino entre Villa Ventana y Sierra de la Ventana.
Fue una iniciativa de los hermanos Jorge y Alberto Longoni, de Bahía Blanca. “La idea surgió en 2021, cuando mi hija vino del sur y me contó que había querido ir a un glamping y no pudo porque ninguno tenía lugar. Lo primero que le pregunté es qué era un glamping, porque no tenía idea”, cuenta Jorge entre risas.
Consiguieron un terreno con vista a las sierras y cruzado por el río Sauce Grande y se mandaron. Hoy Puente Blanco tiene 12 domos de alojamiento para 2 o 4 personas -8 de ellos, con jacuzzi propio-, uno de recepción y dos de restaurante, y el complejo cuenta con piscina climatizada, bicicletas y kayaks para navegar un tramo del río.
El restaurante al mando de Alberto, gastronómico de profesión, ofrece un menú “estilo bodegón, con platos tradicionales, pizzas y propuestas especiales de fin de semana”. Los domingos hay parrillada con asado al asador (alojamiento para dos con desayuno, $ 140.000 de lunes a jueves y desde $ 220.000 fines de semana, con almuerzo; @puenteblanco_glamping).
La marca del arquitecto
A 8 km de Sierra de la Ventana está Saldungaray, un pueblo histórico fundado por el vasco francés Pedro Saldungaray y que creció a partir de la llegada del ferrocarril, en 1903. Con unos 2.000 habitantes, es un pueblo tranquilo en el que destaca la moderna bodega Saldungaray, que ofrece visitas guiadas, degustaciones, y comer en un restaurante armado en un silo reciclado.

El portal del cementerio de Saldungaray, obra de Salamone.
Otro imperdible es el Centro de Interpretación Salamone, donde se explica la obra y la curiosa historia del arquitecto Francisco Salamone, que entre 1936 y 1940 hizo numerosas obras muy novedosas y disruptivas para la época.
En Saldungaray, de paso, se pueden ver la delegación municipal, farolas y bancos de la plaza, el Matadero y el inmenso portal del cementario. Polémico, amado u odiado, pero nunca indiferente.
En la comarca “hay de todo para hacer especialmente de turismo al aire libre y de aventura, como cabalgatas, mountain bike, 4×4, cuatricilos, y trekkings para todos los niveles”, cuenta el secretario de Turismo de Tornquist, Carlos Lamas.

Centro de Interpretación Salamone, dedicado al arquitecto.
El trekking en las sierras es, de hecho, la principal actividad de la zona, con el Parque Tornquist como foco principal, ya que ofrece distintos recorridos guiados y autoguiados, como la cima del cerro Ventana -que tiene cierto grado de dificultad-, la Garganta del Diablo o los Piletones, ideales para darse un buen chapuzón.
“Además, hace poco armamos un circuito de trekking y mountain bike por los alrededores de las ruinas del Club Hotel. Tiene 7.5 km y lo estamos testeando entre los vecinos, recibiendo devoluciones, para ver su diseño final y comenzar con cartelería y señalización”, adelanta.
Entre ciervos y supernovas
A la tarde volvemos sobre nuestros pasos, pasamos el acceso a Villa Ventana y seguimos por la ruta 76. Poco después del primer acceso al Parque Provincial Ernesto Tornquist, cruzamos el abra de la Ventana, el punto más alto de una ruta en la provincia: 500 msnm. Enseguida la ruta desciende hacia el otro lado y luego del Mirador desde donde se aprecia el cerro Ventana, aparecen Villa Serrana La Gruta y San Andrés de las Sierras.

Ciervos en Mahuida Co, un establecimiento fundado en 1940.
Doblamos por el acceso al Circuito Chico y 6 km más adelante llegamos a destino: Mahuida Co, un establecimiento fundado en 1940 por el padre de Gerardo Wendorff y donde él y su esposa, Teresa Ramos Mejía, crearon un santuario natural. Con sus hijos, convirtieron su hogar en un refugio para flora y fauna autóctonas y ofrecen a los visitantes una gran conexión con la naturaleza y la historia de las sierras.
El predio se recorre en un “trencito”, que es un chasis de camión equipado con largos bancos, con distintas paradas que permiten admirar la flora -muchos árboles de todo el mundo plantados por el padre de Gerardo-, espectaculares paisajes del valle por el que circula la ruta, y animales que hacen las delicias de los chicos: burros -se pueden subir y darles de comer-, las vacas “peludas” de la raza escocesa West Highland, ciervos colorados, llamas, guanacos y más, mientras Gerardo va contando la historia del lugar con la emoción de ser el continuador de la obra de su padre, que ahora empieza a pasar a sus hijos.
En ciertas épocas el recorrido termina con una cantina para disfrutar de un almuerzo en un paisaje impresionante (la excursión cuesta $ 40.000 por persona).

Panorámica de Sierra de la Ventana.
Fiesta bajo las estrellas
Comenzamos este recorrido en el Planetario, y lo terminamos observando el cielo. Cuando la tarde se va convirtiendo en noche nos juntamos en la cancha de fútbol del complejo Los Alerces Resort & Spa, otra novedad que me sorprende: cabañas de alta gama -todo piedra y madera, piscina, SUM, canchas de tenis, básquet, fútbol, minigolf-, una laguna y al lado un hotel en construcción, un restaurante, lobby bar con pattiserie, desayunos y meriendas, todo rodeado de montañas.
En la cancha de fútbol, Javier ajusta el telescopio y comienza la observación. Primero la Luna, con sus cráteres y “mares”; luego Júpiter -esta noche se ve muy brillante-, y a continuación, constelaciones como Orión o Can Mayor, con la brillante Sirio como estrella central.

Observación de estrellas.
Las “Star Party” pueden ser aquí, en Los Alerces, o en el glamping Puente Blanco, donde culminan con una cena de pizza libre para seguir hablando del cielo, de astronomía o de lo que sea.
“Esa que está ahí, rojiza, es Betelgeuse, una estrella super gigante -unas 800 veces más grande que el Sol-, que está en una etapa avanzada de su evolución; ya agotó su combustible de hidrógeno, y eso provoca su enorme expansión”, explica Javier sobre la estrella que marca el hombro del cazador en la constelación de Orión.
“Como estrella masiva, en unos miles de años tendrá su final como Supernova, una descomunal y brillante explosión que liberará enormes cantidades de energía y elementos químicos al espacio; esos elementos de los que estamos formados nosotros; por eso se dice que somos ‘polvo de estrellas’”, explica nuestro guía interestelar, antes de partir a la cena.
Y llega la hora de irse, aunque queda gusto a poco. Hay tanto para hacer, tanto para ver y disfrutar con calma, que ya en la ruta, saliendo del pueblo, empiezan a surgir los planes para el regreso.
Cómo llegar a Sierra de la Ventana
- Sierra de la Ventana está a 560 km de Buenos Aires por autopistas Ricchieri y Ezeiza-Cañuelas, RN 205 hasta Saladillo y rutas provinciales 51, 76 y 72.
- Aerolíneas Argentinas vuela a Bahía Blanca (a una hora) desde $ 207.000 ida y vuelta.
- Bus desde Retiro (entre 8 y 9 hs), desde $ 48.000 en semicama (ida).
Dónde alojarse
- Hotel Days Inn Sierra de la Ventana, desde $ 219.390 por noche en habitación doble Standard con desayuno buffet, acceso a piscina y áreas recreativas, early check-in/late check-out (sujeto a disponibilidad). Pasajero adicional: 0 a 3 años, gratis; desde 4 años, $ 36.050 por noche.
- Promo Lanzamiento: dcto. 15% por 1 noche; 25% por 2 noches y 30% por 3 noches (hasta el 28/2).
- Family Plan: hasta dos menores de hasta 12 años compartiendo con dos adultos y desayuno (www.daysinn.com.ar).
Cuánto cuesta
- Planetario CIASEVI: visita guiada (10.30), $ 16.000; sesión inmersiva (12.15), $ 24.000; combo guiada + sesión (18), $ 35.000. Star Party (viernes y sábados a las 21), $ 55.000 con pizza libre; $ 40.000 sin cena.
- Astrotravesía 4×4 (lunes, miércoles y jueves a las 20.30), $ 95.000 por persona.
- Excursiones 4×4 (todos los días): Miradores del Ventania, $ 80.000 por pers.; Circuito Regional y ruinas Club Hotel $ 90.000 (www.tierraventana.com.ar).
Dónde comer
- Código Muzza: empanadas, pizzas, hamburguesas
- Atero: minutas, pastas, carnes, pizzas.
- Puente Blanco: tipo bodegón y asado al asador los domingos.